Excavaciones en Lacimurga
En el año 1988 comenzó la excavación de las ruinas por el prestigioso arqueólogo Antonio Aguilar Sáenz, en el área de influencia de la ciudad antigua de Lacimurga, un proyecto de investigación bajo los auspicios de los Ayuntamientos de Navalvillar de Pela, Puebla de Alcocer y Talarrubias y de la Casa de Velazquez, que contaba con el beneplácito administrativo de la Junta de Extremadura. Dicho proyecto iba encaminado a la reconstitución del poblamiento antiguo , probablente celta, sobre el hipotético territorio de este núcleo antiguo.
Antecedentes
En una columna de granito recuperada en 1912 por A. Delgado
en el castillo de Alcantarilla, en los alrededores de la ermita de la Virgen de
Gracia se encontró una inscripción que, a partir de esta lectura, algunos autores han pretendido ver en el municipio flavio
indicado, la ciudad de Lacimurga.
Año 1991
Hasta el año 1991, se inicio el estudio del entorno rural antiguo de Lacimurga, a través de varias campañas de prospecciones arqueológicas sistemáticas. Al mismo tiempo se llevaron a cabo las excavaciones
de dos villas romanas, «La Sevillana» y «Doña María» y el inicio de los trabajos
en una tercera, «Los Castillejos».
Año 1992
A partir de noviembre de 1992, comenzó la excavación arqueológica en las inmediaciones del sitio de Lacimurga. Toda esta variedad de elementos
presentar una serie de reflexiones sobre
las problemáticas de esta ciudad antigua y su hipotético territorio circundante.
Conclusiones
Desde el punto de vista estrictamente arqueológico, el yacimiento de Lacimurga proporciona toda una serie de aportaciones novedosas con referencia a la evolución del poblamiento en la zona central de la Península Ibérica, desde los siglos VI-V a. de C. (materiales orientalizantes e ibéricos) hasta época medieval con un momento álgido en su posible promoción a municipio
en época de Augusto.
Los primeros trabajos en Lacimurga, están pusieron de manifiesto la presencia de elementos orientalizantes que nos muestran progresivamente, que sitios próximos como Cancho Roano (Zalamea de la Serena) y Medellín, no pueden ser considerados como casos aislados, sino como representantes de fenómenos culturales más extensos en la zona, de lo que se había creído hasta ahora
